- ¡Mierda! -gritó al entender lo que había dicho sin pensar.
- ¿Cómo me tengo que tomar tu reacción? ¿Me dices que me quieres y luego lo maldices? -sus ojos estaban inundados en lágrimas, a penas sin comprender nada- Quiero que sepas que eres mi vida entera, mi corazón, mi alma. ¡Deseo que estés a mi vera! Pero aclarate porque no quiero volver a sufrir. Tu figura puede ser la de un ángel, pero tu piel me quema.
Ella bajó la mirada, abatida. Si volvía a atarse en las cadenas del compromiso con él probablemente esa prisión le volviese a enloquecer y, como la última vez, volviese ha haber heridos. Debía atenerse a las consecuencias de la posterior rotura.
- Debo irme -estalló al fin, mirándole a los ojos.
- ¿No me vas a dar una respuesta?
- Espero que te sirva esta con suficiencia -diciendo esto arrancó todos los pétalos de la rosa que reposaba en sus pálidas manos y mientras caminaba las fue tirando con fragilidad tras sus pasos. A los pocos segundos su cuerpo solo era un mero recuerdo en la cabeza del chico. Ella se fue.
***
"Se fue y no volvió" tecleó el muchacho en la máquina mientras intentaba secarse las lágrimas que resbalaban por sus mejillas con el puño izquierdo de la camisa.
dijous, 25 de desembre del 2008
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